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viernes, 3 de abril de 2009

No sé decir Je suis.


Soy un caballo (Thomas Van Cottom / Aurélie Muller).



Françoiz Breut.

Françoiz Breut.




A veces uno es afortunado. Porque se le cruzan en el camino artistas que admira desde hace años, y sin esperarlo, aparecen a 22 km de donde uno reside. Me refiero al concierto al que pude asistir la pasada noche del 2 de abril de Françoiz Breut y los para mí desconocidos, Soy un caballo, grupo belga, que fue un maravilloso descubrimiento.
El recinto donde se celebró el concierto es pequeño, el salón de actos de la Politécnica de Algeciras, aunque se llenó casi totalmente.

Soy un caballo
es un dúo belga formado por Thomas Van Cottom y Aurélie Muller. Sólo han grabado un disco, Les heures de raison. Se trata de pop acústico, delicado, con dulces arreglos de xilófono que interpreta Aurélie, y suaves intercambios vocales de la pareja.
En directo la cosa cambia ligeramente. Thomas cambió la guitarra acústica por la eléctrica y se encargó de las programaciones y Aurélie del xilófono y el bajo, sumándoseles un batería, instrumento que apenas aparece en su primer CD. El resultado fue que las canciones, siguiendo siendo evanescentes y dulces, ganaron en una mayor dureza, pop, obviamente; Thomas y Aurélie llegarón a alcanzar momentos de mucha intensidad, cantando a dúo, y la eléctrica y el xilófono acompañados por una batería elegante pero intrépida a un tiempo. Dignas de señalar las miradas de complicidad entre Thomas y Aurélie, que son pareja, y se les nota en sus miradas de enamorado cuando la música que han creado fluye entre ellos.

Tras un breve descanso, la heredera de la chanson: Françoiz Breut. Bella y elegante, pelo largo, y sobriamente vestida con un estilo indie existencialista fránces; camisa negra, minifalda negra, medias negras y botines de piel negros. Elegante, bella y sobria.
Su nuevo disco A l´aveuglette (2008), iba a ser el principal objeto del set list. Con una de las canciones de éste comenzó su concierto. Françoiz Breut se encargaba de samplers varios, acompañada de un guitarrista y un bateria. Ya desde el principio, aunque el trio sonaba perfectamente engrasado y envolvían con su sonido, se echaba en falta un bajista para terminar de configurar la sección rítmica, y algunos músicos de apoyo para completar los arreglos profusos de las canciones de Breut, xilófonos, teclados, algún que otro viento.

Pero François estaba allí con su voz y su saber estar encima de un escenario. Esa voz preciosa y sensual y a un tiempo potente que le permite cantar separada 20 cm del micrófono; esa figura frágil y delgada que balancea sus rodillas al ritmo de la batería, esas manos que trazan dibujos y balanceos en el aire. La chanson estaba allí.




























martes, 6 de mayo de 2008

Alles Wieder Offen. Cuando la turbina escupe música.



Suelo ir a muy pocos conciertos al año. Supongo que es por varias razones; vivir en la periferia y la habitual fórmula de concebir los espectáculos musicales en estos tiempos. No me gustan los conciertos masificados, con 10.000 personas, donde, como buen mitómano que soy, no puedes contemplar de cerca a los músicos, sólo verles por unas pantallas de vídeo. Prefiero el concierto sentado en un teatro, en primera fila, donde pueda observar de cerca cada gesto de músicos que llevo admirando desde hace años.

La programación del teatro malagueño Cervantes me está proporcionando lo que busco. Grandes intérpretes en espacios pequeños. Ya el año pasado acudí a ver a Nick Cave en su Solo Performance, y este año tenía entradas para ver a Brett Anderson en concierto acústico, acompañado tan sólo por un chelo, pero por desajustes del cuerpo me fue imposible acudir.
Mi siguiente cita era con Einstürzende Neubauten, grupo alemán al que sigo desde los 20 años aproximadamente. Dentro de la gira de su último albúm, Alles Wieder Offen, actuaban en el Cervantes el 5 de mayo de este año.

Con entradas adquiridas hacía cuatro meses, me encamine el pasado lunes a Málaga para poder escuchar cómo eran capaz, -si es que lo eran- de llevar al directo Blixa Bargeld y cía., su rock industrial de tan difícil factura. El resultado puede resumirse en una palabra: grandioso.
Tras una breve actuación del telonero de la banda, Origami Boe, un absoluto desconocido para mí y sospecho que para la mayoría de los presentes, que realizó unos quince minutos de una música inclasificable, apoyándose en un ordenador portátil, un instrumento que no podíamos ver, camuflado detrás del portátil y que sospecho fabricado por él y elementos tan ajenos a la música "pop rock" como arena suavemente arrojada sobre micrófonos.

Tras la breve actuación, aparecieron Einstürzende Neubauten. Blixa Bargeld, impecablemente de negro como siempre, se disculpó por el retraso, ya que al parecer después de su concierto el día anterior en Lisboa, su autobús fue parado por la policía. A Blixa se le veía cansado, pensemos que la Spring Tour del Alles es muy intensa, aunque razonablemente bastante bien conservado.
Arrancaron con la mismo tema con el que comienza Alles, una canción que va ganando en intensidad conforme transcurre y que finaliza con un in crescendo demoledor. Señalar que debido al retraso la banda no pudo realizar ni pruebas de sonido siquiera, pero eso no fue ningún problema con una banda que cuenta con 25 años de carrera musical a sus espaldas.

Si hay que señalar, que en algunos temas la voz de Bargeld se resintió un poco, y que en Weil, Weil, Weil, la banda iba por un lado y Bargeld por otro. Sin embargo interpretaron maravillosamente temas de su último albúm como Let´s do it a dada y la hermosisíma Nagorny Karabach. Si bien Neubauten con los años ha ido suavizando su sonido y realizando preciosas melodías acompañadas por esa dicción tan perfectamente vocalizada de la lengua alemana que Blixa Bargeld realiza, los mejores momentos de Einstürzende Neubauten y del concierto en general fueron cuando ponían a funcionar la maquinaría industrial a todo gas. Entonces es cuando te maravillas de cómo han sabido crear ese sonido tan especial a partir de instrumentos construidos por ellos.

Dos horas estuvo Blixa Bargeld sobre el escenario del Teatro Cervantes. Dos veces tuvo que salir a tocar más. Su último tema interpretado, sentado en el filo del escenario y descalzo, como siempre. La turbina escupió música.