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miércoles, 9 de mayo de 2012

Corazón.


Me dijiste que tal vez, que quizás era posible. Fijaba la mirada en la cánula, en cómo el espeso líquido amarillento, se iba disolviendo. Y tú hablabas de poemas de Ashbery que tenías anotados en viejas libretas de hojas amarillas y de cómo el viento había violentado tu sexo. También dijiste que el estrecho camino, aquel que recorríamos cuando bajábamos de noche a la playa en invierno, estaba oculto por cadáveres de caballos. Y que hacías cuanto podías, pero las venas estaban desgarradas por el espanto. Y aquellos vinilos cuyas canciones olvidé, donde guardabas las fotografías de Nebreda. Y basta, basta ya, dijiste, basta ya, corazón.

jueves, 27 de enero de 2011

A ciegas.

El proyecto Mirada real, intentaba unir a una serie de fotógrafos y poetas, para poder así revelar la realidad de los excluidos en nuestra comarca, los que no suelen tener voz, ni ocupan lineas en los medios de comunicación al uso. Esta colaboración fue a ciegas, pues a cada fotografía se le unía un poema, no escrito para la ocasión, pero sí de temática social.


Os dejo con la fotografía de Juan Luis Corrales, y mi poema Sobre un poema de Karmelo C. Iribarren, que la organización de la muestra, que ha pasado por la Fundación José Luis Cano de Algeciras y actualmente se encuentra expuesta en la galería de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de San Roque, tuvo bien en unir.

 Fotografía: Juan Luis Corrales.

SOBRE UN POEMA DE KARMELO C. IRIBARREN

Hablan siempre en voz alta, las bocas muy abiertas muestran encías desdentadas, se gritan palabras sobre deudas y sobre lo poco que dura la meta. Acaban de hablar con el párroco del barrio, un tipo joven con barriga que les ha dado algo de ropa usada, estridentes colores que no combinan, todo aquello que los licenciados en Derecho que viven en adosados no quieren. Ella arrastra un sucio carrito de supermercado, con un viejo video sin cables y una muñeca sin vestido a la que le falta la cabeza, y él camina a su lado, con unas zapatillas de playa en noviembre, y calcetines vueltos del revés. La casa a la que vuelven no tiene puerta, y las ventanas, -nunca supe por qué-, están tapiadas con cemento. Suelo verlos bastante, viven un par de calles más arriba, y compran a veces algún kebab a una chica de dieciséis años embarazada. Tan simple como dice el poema: igual de perdidos los dos, por qué no perdernos juntos.


Ismael Cabezas. Del poemario inédito, Pisadas en la nieve sucia.

lunes, 19 de julio de 2010

Sucia habitación a oscuras.

                          La escalera del cielo. David Nebreda.

Los utensilios fotografíados son los que habitualmente utiliza el fotógrafo David Nebreda, para esculpir sobre su propio cuerpo su obra; no se trata de inocente body painting, son los instrumentos con los que Nebreda mira al vacío, a la nada, allí donde pocos se han atrevido a adentrarse, porque la senda siempre ha cobrado un precio: la locura. Pensemos en Leopoldo María Panero o en su admirado predecesor Artaud.


Nebreda talla su cuerpo con cuchillas, que aún conservan su sangre reseca, saja su carne, y la cose con hilo sucio, no importa la enfermedad, si alguien oscuro, escupe y defeca en su mente. A través del dolor, como un pequeño pájaro perdido, en cuclillas en el fondo de una sucia habitación a oscuras, Nebreda construye su escalera al cielo.

sábado, 12 de junio de 2010

Si el ala del ángel trazase la muerte en su pecho.

                 La multitud (the crowd), Pedro M. García Vázquez.


Los muertos caminan de la mano, con las cicatrices cosidas con viejo hilo de plata. Y un niño juega en la madrugada fría, en la oscuridad del grito, sobre el suelo húmedo de febrero, bosque de caminos que él sólo conoce y conducen al amanecer de la muerte. Pequeñas manos  que sostienen crías de rata de suave pelaje, y unas gotas de sangre empapan las páginas de Sebastian in traum.

viernes, 11 de junio de 2010

Un gusano flota en la botella.



                                       Maxico, Javier Plata.


Maxico. Pasear por los puestos callejeros de Ciudad Juárez el día 1 de Noviembre, observando todas esas calaveras de azúcar que los lugareños comerán al atardecer, sentados en las lápidas de sus muertos, mientras conversan alegremente sobre el nuevo recién nacido o el negocio que va  bien.

Es historia de viejos cónsules ingleses, de alcohól. Sucios trajes de lino manchados de sudor, beben otro tequila más -creen ingenuos que será el último-, mientras algunas putas casi niñas, con  raídos vestidos y  pelo enredado, soban la entrepierna, y roban sus últimos dólares.

Rostro de la muerte que Kerouac vislumbraba en las oscuras carreteras, con una botella de whisky casi vacía entre las piernas, y demasiado mezcal que Dean Moriarty guarda para el amanecer.

Es haz y envés, pero siempre acaba mostrando el mismo rostro: la muerte quieta que lame nuestra espalda tan fría.


martes, 27 de abril de 2010

Mediterránea.

                     Mediterránea. Pedro M. García Vázquez, 2010.


La vista que se pierde a lo lejos, donde descansan los ojos vencidos. Y las manos reposan sobre otro cuerpo, tal vez envejecido, el tiempo escribe sus surcos, y los dedos de los muertos mecidos por el húmedo viento de la noche: piedra que oculta palabras tantas veces dichas.

domingo, 5 de abril de 2009

This is my place.


La sensación de haber perdido algo, la arena que entierra parte de tu memoria, lo perdido y que nunca puede volver a ser rehecho, de noches de verano en las que las adolescentes se bañaban en ropa interior con una cerveza en la mano, adentrándose en un mar primigenio, y de nuevo los antiguos ritos.
Y el moho que se enreda en la boca de los muertos y de los no nacidos, en los marcos de las fotografías olvidadas guardadas en cajones durante ya no se sabe cuánto.
Y el frío que hace contraerse la roca, desmenuzada ahora en mis manos, y aquella camisa rosa de grandes cuellos que llevabas aquella mañana en la estación.

(Sobre la enorme fotografía, Gibraltar desde la entrada de La Línea, de mi amigo Pedro Miguel García Vázquez).

Más obra fotográfica en flickr.