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sábado, 22 de octubre de 2011

Restos de plumas ensangrentadas.

Cecilia Quílez

No soy un exégeta, tan sólo un recopilador de cuanto se adueña de mi mirada.Uno de los mejores libros de poesía que leí en 2010 fue Vísteme de largo, de Cecilia Quílez. Os dejo con uno de sus poemas.


Mientras llega diciembre
caerán copos de sal en la cronometría del cuco.
Fluirá el polen en la bestia del ocaso
y un soplo de cera detendrá nuestras venas.

Mientras llega diciembre
entra el otoño en copas de cebada,
cubrirá la escarcha corales marinos
y dormirán ángeles en pensiones infectas.

Mientras llega diciembre
escribiremos mensajes en los baños públicos
y reseñas de autor en mi pecho y tu espalda.
Cortará el cirujano el tallo del papiro
y despertarán vírgenes con odas entre las piernas.

Tus alas se esparcen en el mar de los tristes
y el tiempo está quieto mientras llega diciembre.
Que pase de largo con vitola de gala
y el sollozo insomne de los astros.

Será bienvenida la inmortal primavera
tras el temor a la cuchilla del invierno.

CECILIA QUÍLEZ (2010)




viernes, 30 de septiembre de 2011

Camisas de los años 50.




Seconal ha vuelto, tras unos meses de intenso silencio y violetas podridas. En los años de la pobreza, optamos por refugiarnos, en aquellos, cuya experiencia estética, damos por segura gratificante.

Este pasado verano, fue un verano de libros de diarios, Jaime Gil de Biedma, y su Retrato del artista en 1956, los Diarios de John Cheever, que tendrán en breve su revisión en este laberinto de piedras rotas.

Un extracto de Retrato del artista en 1956:

" Veintisiete años. Temo que sea ya una edad considerable, porque el suceso en vez de entristecerme -como me entristecieron otros cumpleaños-, me ha fastidiado. Incomoda esa patente de responsabilidad civil en que la edad se va convirtiendo. Mis padres dicen que ya debo pensar en esto o en aquello, que ya debo ir pensando en casarme... Y reconozco en mí ese alarmante prurito de sentirse más joven de lo que uno es. El hasta el final entre los jóvenes se reconoce, dice Vicente Aleixandre hablando del poeta, ¿pero no le ocurre lo mismo al viejo verde? Acerca del comercio intelectual con los más jóvenes, sé probablemente a qué atenerme; y la lectura de mis viejas notas sobre Guillén me demostró que yo no había sido ninguna excepción. Pero cuando hablo con un muchacho de diecinueve años o veinte, involuntariamente pienso que somos de la misma edad y que el talento está de mi parte. La sensación, claro, es embriagadora."

sábado, 19 de febrero de 2011

Un retazo de neón sucio.


Karmelo C. Iribarren.

Decir que Karmelo C, Iribarren es uno de mis poetas vivos favoritos, es decir poco. Ha tenido bastante influencia en mi última poesía, sobre todo por ese realismo meditativo que también intento practicar en mis últimos poemarios. Atravesando la noche, es su último libro de poemas, que viene acotado por citas de sombras de maestros que se pueden adivinar en su poesía; Ángel González, Jaime Gil de Biedma y Philip Larkin, maestros de generaciones enteras de extraordinarios poetas.

Y un retazo de neón sucio, como muestra.


OTOÑO

Cae la noche
en la plaza:
los niños dicen que se quedan,
las madres
que de eso nada...
Se encienden 
las primeras cocinas:
los edificios
parecen
crucigramas.

KARMELO C. IRRIBAREN (2009)
 





martes, 1 de febrero de 2011

Brizna de hierba sobre un labio ensangrentado.

Sharon Olds


Creo que llevo más de diez años reivindicando la lírica anglosajona como una de las tradiciones más renovadoras y hondas dentro del panorama de la actual poesía. Sharon Olds, junto con Jane Kenyon, Louise Glück o Anne Michaels es uno de esos nombres. Olds en gran parte de sus libros, recuerda a veces esa corriente tan norteamericana que es la poesía confesional, que fue encabezada por Sylvia Plath o Anne Sexton, aunque Sharon Olds va más allá del mero confesionalismo, -aunque reconozco que esta es la parte de su poesía que más me interesa-, para tratar quizás temas que van más lejos  de lo íntimamente personal, pero siempre desde una mirada genuinamente femenina, como se puede comprobar en el poema que transcribo, Fotografía de la niña, de su libro, Los muertos y los vivos.


FOTOGRAFÍA DE LA NIÑA

La niña está sentada en la tierra dura,
áspero molde de Rusia, en la sequía
de 1921, aturdida,
los ojos cerrados, la boca abierta,
un crudo viento abrasador le sopla
arena en la cara. Hambruna y pubertad
se apoderan de ella. Echada sobre un saco,
el calor descoloca todo lo que lleva puesto,
curvado el tierno radio de su brazo.
No puede no ser bella, pero
se muere de hambre. Adelgaza cada día, y sus huesos
se hacen largos, porosos. El pie de foto dice
que va a morir de hambre ese invierno
con miles de otros seres. En la sima de su cuerpo
los ovarios liberan sus primeros óvulos,
dorados como el grano.

SHARON OLDS (1983)
 

sábado, 16 de octubre de 2010

Enfermedad dame el nombre exacto de las cosas.

Han vueltos los días oscuros, cuando la tierra empapada de orina vuelve a hacer de nuevo su llamada, cuando la enfermedad enseña sus fauces plagadas de diseminados dientes cariados y sucios.

Enfermedad, enséñame el nombre exacto de las cosas.

Transcribo un poema del libro de John Berger, Puerca tierra.


CUCHARÓN

Filigrana del estaño
la luna del cucharón
naciente sobre la montaña
que desciende hasta la olla
sirviendoo a generaciones
humeante
arrastrando lo que ha nacido de las semillas
en el huerto
espesado con patata
sobreviviéndonos
en el cielo de madera
de la cocina

Madre que del humeante
pecho del peltre
veteado de sales
reparte la comida a sus hijos
hambrientos como jabalíes
con las uñas teñidas
de tierra vespertina
y el pan hermano
que la madre reparte
Vierte el cielo hirviendo
cucharón
con el sol zanahoria
las estrellas de sal
y la grasa de la puerca tierra
vierte el cielo humeante
cucharón
vierte sopa para nuestros días
vierte sueño para la noche
vierte años para mis hijos

JOHN BERGER (1979).




jueves, 23 de septiembre de 2010

El cádaver yace al pie del semáfaro apagado.


Seconal llevaba un par de meses en reposo, ausente, esperando, como el lienzo casi en blanco que aguarda el imposible trazo de un pintor muerto. 

El poeta danés Henrik Nordbrandt es el regreso a la piel de los vivos, con un poema sobre este mes de septiembre que ya marcha, de su antología de poemas Nuestro amor es como Bizancio.


LA CABINA TELEFÓNICA

la cabina telefónica de la esquina
eternamente verde
siempre oxidada
ahora batida por el viento
y envuelta en una oscuridad
más intensa que otras veces

septiembre oh sí
y las casas
muy luminosas
limpias para la noche

la cabina de teléfono
entre los rostros
un faro
luminoso de voces
detrás de un hierro pintado de verde
y cristal

un hombre
apoyado 
en la noche
otoño
e infancia.

HENRIK NORDBRANDT.

sábado, 10 de julio de 2010

Luz en el pantano.



                                      María Eugenia Reyes Lindo

Creo que a ninguno de los lectores de Seconal es necesario hacerle saber de la existencia de ese premio clásico dentro del mundo de la poesía que es el Adonais, premio que obtuvieron en su día poetas como mi admirado Claudio Rodríguez con su Don de la ebriedad.

La joven poeta sevillana María Eugenia Reyes Lindo, obtuvo con su poemario El fabricante de ruinas, un accésit del Premio Adonais en 2008, estando el jurado conformado por algunos de los más relevantes poetas españoles, que ocupan los anaqueles de mi biblioteca, como el desgraciadamente desaparecido Diego Jesús Jiménez o Antonio Colinas. 

De El fabricante de ruinas, uno de los aspectos que más me ha interesado es su construcción formal, el dominio de la poeta del ritmo del poema, que debe ser tan exacto como un metrónomo, y su exquisita puntuación. 

En otro orden de cosas, en El fabricante de ruinas, nos encontramos con poemas como Besarte, de clara temática amorosa, imbricado en la tradición de la poesía amorosa de Vicente Aleixandre o Pedro Salinas, otros cantan en tono de elegía, como Bucles, tal vez entroncados con las lecturas de Eloy Sánchez Rosillo, de quien la poeta es profundamente devota. En Otra forma de estar muerto, el amor vuelve de nuevo a aparecer, pero esta vez,  como forma de salvación de la muerte, y en Apenas un instante, nos encontramos con una elegía por la juventud perdida, en la más honda tradición de ese gran amante de la juventud que fue Jaime Gil de Biedma.

Maneras de estar sola, vuelve a recordar la mejor poesía amorosa de Pedro Salinas, y leves pinceladas culturalistas, aparecen en Trabajos de amor ganados, donde la poeta establece un juego con el título de una de las más famosas comedias de Shakespeare. La sombra del maestro fallecido en Colliure, Don Antonio Machado, surge señera, en poemas como Ya declina la tarde.

María Eugenia Reyes Lindo, es una de las voces más singulares dentro de la joven poesía sevillana, y andaluza, y su El fabricante de ruinas, tan sólo nos indica una cosa con absoluta seguridad, que como cantaba mi adorado Frank Sinatra, the best is yet to come.

OTRA FORMA DE ESTAR MUERTO

La luna,
apenas una rendija de luz tras las cortinas
de un ático mecido por la noche.
Bajo el silencio atento de unos árboles
recortados
que quisieran entrar
al amor de un fuego que no conocen.

De nuevo me has salvado de la muerte,
porque hay
muchas maneras de estar muerto:

Mirar por la ventana y ver tan sólo
la luna moribunda
y un campo de tiniebla.

MARÍA EUGENIA REYES LINDO (2008).


sábado, 15 de mayo de 2010

Glory Box.





Sergio Berrocal



Desde aquel boom del ´99, formado por los poetas Antonio Espinel, César Aldana, Carlos Morillo y el que aquí escribe, se vivió una dura década de espantosa sequía literaria en el Campo de Gibraltar. Si por diversas circunstancias vitales, académicas en el caso de Morillo, profesionales en el de Espinel y de cambio de disciplina artística, -de la palabra a la imagen, en el de Aldana-, practicamente fui el único que mantuvo un andadura poética durante los restantes años. Diez años. Y una década es mucho tiempo.

Pero todo son ciclos, etapas, movimientos de la sangre y la bilis, que dieron como origen a dos grandes enormes poetas. Me refiero a Rúben Pérez, que publicó en 2009 la plaquette, Quien pueda decir adiós, y hace apenas unos meses ha aparecido el primer libro de Sergio Berrocal, Pequeña Oración, publicado en Ediciones Vitruvio.

No es Seconal un lugar destinado a la crítica literaria, lo he afirmado en otras ocasiones, ni para realizar exégesis poética, pero si quería destacar de Pequeña Oración la extraordinaria modernidad de su discurso. Mientras algunos siguen planteando actitudes estéticas decimonónicas y rimas de tiramisú, Sergio Berrocal, es capaz de unir cultura popular -escribe con Portishead- y alta cultura, en un discurso a veces intimista, otras metapoético y en ocasiones metafísico, pero sobre todo con una sensibilidad artística perfectamente engarzada con su tiempo. El tiempo que vive define al poeta, y Berrocal destila poemas del presente, que nos hacen tener la segura premonición, de que contamos entre nosotros, con una de las grandes voces de la joven poesía andaluza.

Nada más obvio de su modernidad que el poema que recojo, No-lugar, imbricado en el No-arte, la No-emoción, el distanciamiento del poema, que permite que éste introduzca sus dedos en la boca y hurga en nuestra carne.


NO-LUGAR

Ya sólo voy a buscarte
a los lugares inhóspitos:
donde nunca estuvimos,
todos son
y nadie hallo.
Donde seguro sé
del encuentro. En lo feliz
sin clepsidra del desierto.
Donde ya no eres
un espejismo de carne.

SERGIO BERROCAL (2010).

 



lunes, 3 de mayo de 2010

No es tiempo aún para la despedida.



Francisco Brines ha recibido, merecidamente, el  Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Le conocí en el Aula de Literatura José Cadalso de San Roque hace once años, en 1999. No se me puede olvidar esa fecha, porque dió la casualidad que el mismo día que Francisco Brines acudía a San Roque para ofrecer una lectura, retiraba de la imprenta tres ejemplares del que fue mi primer libro de poemas La herencia bastarda de los días. Recuerdo que emocionado, -más tarde me dijo Brines que el primer libro de poemas es el mejor recordado- entregué un ejemplar a Juan Gómez Macías, otro a Brines, y me reservé uno para mí, el cual observaría y releería en soledad una y otra vez.

Brines, siendo por aquel entonces un poeta consagrado de la generación del 50, era una persona absolutamente afable, humilde y accesible. Recuerdo en la cena con él tras la lectura, cómo respondía a mis preguntas sobre Leopoldo María Panero, ya que él fue gran amigo de los Panero, y los conocía bien, incluida Felicidad, la madre de los tres hermanos. Me inquirió sobre si tenía intención de vivir de la poesía, a lo cual respondí que no, y afirmó, mira Ismael, la poesía no da ni para putas.

Pasados aquellos años, un volumen color oliva, de sus poesías completas, Ensayo de una despedida, permanece con el color desgastado por la luz del sol, que entró cada verano por la ventana, acusando recibo del tiempo, como cualquiera de las grandes elegías que ha escrito Francisco Brines.

Dejo aquí, no uno de mis preferidos, pero si el primer poema que leí de Francisco Brines.


MERE ROAD

Todos los días pasan,
y yo los reconozco. Cuando la tarde se hace oscura,
con su calzado y ropa deportivos,
yo ya conozco a cada uno de ellos, mientras suben en grupos
o aislados,
en el ligero esfuerzo de la bicicleta.
Y yo los reconozco, detrás de los cristales de mi cuarto.
Y nunca han vuelto su mirada a mí,
y soy como algún hombre que viviera perdido en una
casa de una extraña ciudad,
una ciudad lejana que nunca han conocido,
o alguien que, de existir, ya hubiera muerto
o todavía ha de nacer;
quiero decir, alguien que en realidad no existe.
Y ellos llenan mis ojos con su fugacidad,
y un día y otro día cavan en mi memoria este recuerdo
de ver cómo ellos llegan con esfuerzos, voces, risas
o pensamientos silenciosos,
o amor acaso.
Y los miro cruzar delante de la casa que ahora
enfrente construyen
y hacia allí miran ellos,
comprobando cómo los muros crecen,
y adivinan la forma, y alzan sus comentarios
cada vez,
y se les llena la mirada, por un solo momento,
de la fugacidad de la madera y de la piedra.

Cuando la vida, un día, derribe en el olvido sus
jóvenes edades,
podrá alguno volver a recordar, con emoción,
este suceso mínimo
de pasar por la calle montado en bicicleta,
con esfuerzo ligero y fresca voz.
Y de nuevo la casa se estará construyendo,
y esperará el jardín que acaben estos muros
para poder ser flor, aroma, primavera,
(y es posible que sienta ese misterio del peso de mis ojos,
de un ser que no existió,
que le mira, con el cansancio ardiente de quien vive,
pasar hacia los muros del colegio),
y al recordar el cuerpo que ahora sube
solo bajo la tarde,
feliz porque la brisa le mueve los cabellos,
ha cerrado los ojos
para verse pasar, con el cansancio ardiente de quien sabe
que aquella juventud
fue vida suya.
Y ahora lo mira, ajeno, cómo sube
feliz, encendiendo la brisa,
y ha sentido tan fría soledad
que ha llevado la mano hasta su pecho,
hacia el hueco profundo de una sombra.

FRANCISCO BRINES (1966).



sábado, 1 de mayo de 2010

Pan o Cieno.




Domingo F. Faílde.


Más que por talento, sino por perseverancia, tras aproximadamente veinte años leyendo libros de poemas, me puedo atrever a decir, -y perdónenme  la arrogancia- sé cuándo me encuentro ante un gran libro de poemas. Y La sombra del celindo de Domingo F. Faílde, no es un gran libro de poemas, es un enorme libro de poemas. Un libro que contiene entre sus tapas la existencia de un hombre, desde su niñez, hasta su juventud y lucida madurez. Un libro, que mucho me temo, ha pasado, injustamente desapercibido.

Como es costumbre, transcribo uno de los poemas de La sombra del celindo. He de decir que sólo un poema es elegido para dicha labor, pero con este libro, me ha sido infinitamente complicado quedarme con un único poema. En el elegido, el poeta canta a la joven madre retratada en una vieja fotografía que encuentra en su madurez.

Gracias Domingo por escribir La sombra del celindo.


EL POETA CONTEMPLA UNA FOTOGRAFÍA
DE SU MADRE

                                A Dolores García y García-Espantaleón,
                                mi madre.  


En una tosca mesa, junto a un ramo de flores
marchitas por el tiempo, que no renueva nadie
-alrededor, reliquias
y otras memorias del camino andado-,
una fotografía parece contemplarme.

No es verdad. La muchacha
fija la oscuridad de sus ojos clarísimos
en un lugar perdido del estudio.
Estas fotos antiguas son así: un decorado
y el dedo del artista que conmina
mire hacia allá, señora: y la mirada
de sus ojos azules se clava en la penumbra,
en alguna ventana morisca, o simplemente
bucea en su interior buscando un sueño,
como el naúfrago busca una almadía.

Es mi madre. Perfecta. Como un mármol purísimo,
envuelta en los encajes de su mantilla negra.
Derrama lozanía, tal derrochando auroras
cuyo perfume impregna los muebles de la estancia.

Desde la estatua de su edad, presiento
que es a mí a quien contempla,
y un halo melancólico se enciende en su figura.
Ochenta son sus años,
pero ella, frente a mí, con su descaro
de adolescente hermosa, se burla de mis canas
y gasta alguna broma sobre el modo
en que me voy haciendo pasto para la historia.

Por un instante, pienso
que el calendario envuelve en sus hojas caducas
aquella primavera que, arrogante, pervive
mientras voy navegando en mis cenizas
y regreso a la isla virgen de su belleza.

DOMINDO F. FAÍLDE (2006). 


miércoles, 14 de abril de 2010

El tiempo manda, siempre.


Desconocía la obra de Fermín Herrero, su hallazgo fue a través del blog del escritor y crítico literario Manuel Rico. De la letra menuda, es junto a las últimas entregas de Karmelo  C. Iribarren o Roger Wolfe, uno de los poemarios que más me han impresionado en los últimos meses, aunque Herrero transita por senderos muy diferentes; la memoria del mundo rural, un mundo que ya no existe, salvo en los recuerdos y en los espejismos del tiempo.


Con trapos viejos y un caldero tan abollado
como su edad camina muy despacio hacia
la casa abandonada donde guarda
los tiestos en el tiempo malo, al calorcejo
de aquella habitación tan calentita
donde tres veces diera a luz y una
amortajara a su difunto. Va a regar
los geranios. El año pasado heló 
tanto que ni al abrigo aguantaron, a ver
los nuevos. El caldero abollado, la tos seca.

FERMÍN HERRERO (2009).

lunes, 12 de abril de 2010

Camposanto de pájaros resucitados



A lo largo de los aproximadamente quince años de trayectoria de una de las aventuras poéticas más singulares de este país, me refiero, claro está, al Aula de Literatura José Cadalso, han pasado por ella poetas amigos como Domingo F. Faílde, Dolors Alberola, César Aldana, Antonio Espinel, David Mena... Y me permitió conocer a poetas como Félix Grande, Antonio Gamoneda, Francisco Brines, Antonio Colinas, y entre los más jóvenes, a Jorge Riechmann, Juan Carlos Mestre o Guadalupe Grande.

Una de las últimas poetas jóvenes que visitó el Aula fue Cecilia Quílez, nacida en Algeciras, aunque nunca había coincidido con ella en el Campo de Gibraltar.

Las poetas pueden escribir sobre muchos asuntos, pero los que más me suelen interesar cuando leo un libro de una mujer, son aquellos poemas en los que se hace referencia a realidades, que jamás un hombre podrá experimentar, como en el poema que os presento.


JULIA

Cómo dolió el anzuelo
Fui fecundada y creí consumirme
En la sala de urgencias de una clínica
Algunas mujeres saben cuando la semilla
Se aferra a sus vientres y se alegran de saber esto.
Sólo supe que era feliz
Con el sueño inducido
Del formol
Las contracciones dan la vida, dicen
A mí me la dio ver a mi hija de espaldas,
con la nuca cubierta de pelo
Después, de nuevo el sueño
Mi hija sonríe ahora.
Tiene el pelo del color de las luces de emergencia.

CECILIA QUÍLEZ.



martes, 23 de marzo de 2010

Somos perros, a veces, y podemos compartir ese pan que nos es necesario.





Mis amigos los poetas Domingo F. Faílde y Dolors Alberola (en la fotografía), me hicieron llegar el pasado mes de octubre parte de su última producción poética, que voy desgranando lentamente, como quien abre la rosa para encontrar la sangre y la podredumbre.

Sé que uno de los títulos favoritos de su producción poética es, Arte de perros, y es también uno de sus libros para mí también más perfectos. Una auténtica obra de culto, conocida por muy pocos. No es la intención de Seconal, realizar crítica literaria, ni reseñas, sino señalar sobre todo aquellos libros, fundamentalmente de poesía, que quedan al margen de las vanas conjuras de los mass media culturales. Con Arte de perros, Dolors adivina el futuro en la mirada triste y nublada de un animal.


TEORÍA DEL ESPANTO

Pobres perros.
Hacinados viajan, caras sucias
entre fardos inútiles.
No les cabe en los ojos la mirada,
saben la libertad como una presa
que se escapa y no logran arrastrar el paisaje,

Pobres perros con sed;
agarran a sus hijos, los aprietan, los miran,
sin poder escapar.
Otros yacen, ya muertos, olvidados de sí,
desconociendo al dios, ignorando los rezos.

Pobres perros, transidos de dolor y cansancio,
babeantes, desnudos, deshechos hasta el fin,
abominados, flacos
-son galgos al final de su carrera
y el que les grita tiene su muerte calculada-.

Y no pueden correr,
sustraerse a las garras de su amo,
saltar las alambradas, no ser víctimas.
No pueden renegar de la barbarie
ni arrancarse las marcas de su piel.
Se les salen los ojos mirando al horizonte,
caen contra las piedras extenuados,
sus costillas parecen la carne que no tienen,
atienden a las órdenes del que aúlla, gimiendo.

Pobres perros judíos, allá en Austwich,
el negro cementerio del poder de un idiota.

DOLORS ALBEROLA (2006).

lunes, 15 de marzo de 2010

El mundo está bien hecho y acabo de correrme.


Este señor de aspecto respetable que posa ante la moderna cámara digital con un pie adelantado, y un paraguas que a veces sirve de bastón a sus venerables años, y le ha protegido de las inclemencias del tiempo en su reciente viaje por Córdoba y Lisboa, es si aún no lo han reconocido, el poeta Domingo F. Faílde, autor de entre otros versos, del remake obsceno de Jorge Guillén, que títula esta entrada.

Y para que sigan adentrándose en las calenturientas visiones de una de las últimas entregas poéticas de este bardo de larga trayectoria, oriundo de Jaén, residente durante muchos años en Algeciras, y en la actualidad en Jerez, les dejo con uno de los poemas que configuran Carnalia, libro ganador del XXIII Premio Cálamo de poesía erótica, y que es finalista en la modalidad de poesía del premio andaluz de la crítica de 2010.

PROPOSICIONES DESHONESTAS

Por mí puedes dejarte las bragas en su sitio.
La vida, ¿sabes qué? (lo dijo alguien,
un buen colega mío que cogió el autobús
y se largó de noche con una vieja furcia),
es así, seria y trágica,
y es preciso mirarle las orejas,
rastrearle en los ojos las malas intenciones
y agarrarla del rabo. Pues pudiera
arrastrarte en un tango a la primera esquina
y dejarte tirada.
                           No seas guarra,
mete el body en la ducha, deja que el agua fresca
te aclare el pensamiento, con ayuda de gel.
La vida es lo bastante cochina por sí sola:
no es preciso añadirle la idiotez de un inútil
y un fuerte olor a coño.

DOMINGO F. FAÍLDE, 2010.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Rudimentos de organización sindical.




Un poema de Jorge Riechmann, perteneciente a su libro El día que dejé de leer El País, uno de mis favoritos de su producción poética, muy adecuado para estas fiestas navideñas que vivimos.

SANTA CLAUS, 1993

Cada día desde hace dos semanas
lo encuentro en la misma acera
cuando voy al trabajo. El payaso de rojo hiriente,
la barba postiza, los ojos humillados.
Cuando hace mucho frío
se refugia unos momentos en la peluquería
que le paga. Su trabajo es dejar acercarse
la Navidad en esa esquina
sin oponer resistencia,
recordar a las gentes la alegría coactiva,
la obligación de comprar.
Centinela del consumo: me despiertas la rabia.
Pero enseguida pienso
que entre los tres o cuatro millones de parados
tú al menos has logrado faena para un mes.
Me gustaría saber cuánto te pagan.
Soñar con rudimentos de organización sindical
para estos santaclaus de alquiler
es ya disparatar, y me arrepiento.

JORGE RIECHMANN (1997)

lunes, 21 de diciembre de 2009

En tanta muerte.



Mis queridos amigos, los poetas Dolors Alberola y Domingo F. Faílde, me obsequiaron este otoño con algunas de sus últimas entregas poéticas, que no quisiera dejar de señalar antes que acabe este funesto 2009.

Empezaré por Las sábanas del mar, de Domingo F. Faílde, extraordinario poemario de amor, editado en ya desaparecida Colección de poesía Ancha del Carmen. Malos tiempos para la literatura; disolución de la Fundación Municipal de Cultura de La Línea, superviviencia a duras penas del Aula de Literatura José Cadalso, y recientemente, la supresión del programa madrileño de lecturas Poetas en vivo, sobre lo que pueden tener más información en El callejón del gato.

Pero, afortunadamente, nos quedan poemas de amor como el que les dejo: vida que torna muerte sin la mirada de quien se ama, vida ante tanta muerte que cotidianamente nos invade.


MUNDO ANTES

Con la marea, el suelo se ha cubierto de algas.
El poniente detrás, vamos andando
por la remota orilla de la tarde, ya lejos
los montes de olivar, los naranjos, las flores
de aquella vieja infancia que se nos fue rompiendo.

Al sur, entre los mares
donde Europa declina sus almenas
y el farallón del Atlas pone muro a los ojos,
recorreremos el tiempo, más allá de sus nombres,
como un cementerio que sea sólo memoria.

Un rayo de cristal rompe las nubes
y el sol se precipita sobre el agua.

Entonces, amor mío, cómo pesa la vida,
¿la vivida? No, la que ardiera
sin vivir, sin haberte conocido ni amado.
Entonces, cuando ayer, en tanta muerte.

domingo, 15 de marzo de 2009

Las chicas son guerreras.


Ya ha comenzado la gira de presentación de la antología 23 Pandoras (Poesía Alternativa Española), publicada por Baile del sol, y donde participan, desde mi pequeño amor Safrika, pasando por poetas con las que suelo mantener contacto gracias a la red como Ana Pérez Cañamarez, Sonia San Román o Vuk. Si residen en alguna de las ciudades donde se realizarán las presentaciones, no falten, y por favor adquieran el libro; y recuerden, las chicas son guerreras.

viernes, 13 de marzo de 2009

La reina de la fiesta.


Bartleby Editores, es una de las editoriales españolas que más está haciendo por publicar traducciones de calidad y bilingües de literatura anglosajona, especialmente de los siglos XX y XXI. En mi formación poética, la tradición anglosajona ha sido fundamental, y sólo me resta agradecimiento al trabajo realizado por Bartlebly. Uno de sus títulos recientemente publicados es Afortunada de mí, de la poeta norteamericana Denise Duhamel. Recojo uno de los poemas que conforman ese libro.




"POR FAVOR, NO TE SIENTES COMO UNA RANA, SIÉNTATE COMO UNA REINA"

(Grafito en un lavabo de tías en una universidad de Filipinas)

Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.
El mundo no recompensa a las chicas con granos.
No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

Compra un champú que realce el brillo de tus cabellos.
Si tu pelo es liso, entonces rízalo.
Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.

Mantén tu aliento con sabor a menta y tus dientes blancos y
limpios.
Píntate las uñas para que resplandezcan, diez perlas.
No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

Sonríe, especialmente cuando te encuentres mal.
Mantén bajada la capota de tu coche cuando salgas a dar
una vuelta.
Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.

No cedas a tus antojos, necesitas estar delgada
para que tu falda pueda levantarse cuando saltes y des vueltas.
No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

No te cases con el profesor, cásate con el decano.
Cásate con el rey, no te cases con el conde.
Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.
No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

DENISE DUHAMEL (2008).

viernes, 6 de marzo de 2009

El viejo poeta beat.


Esta es tal vez, una de las últimas imágenes del mítico Allen Ginsberg, uno de los poetas más fascinantes de la literatura norteamericana, el hijo marica, colocado e iluminado de Walt Whitman, William Carlos Williams y William Blake. La fotografía es de 1996, donde el genio contaba con 70 años. Dejo uno de sus últimos poemas, donde tal vez se muestra una de las caras más desconocidas de Ginsberg, la de sus últimos años.


HOJAS DE OTOÑO

A los 66 y aprendiendo a cuidar el cuerpo
despierto animado a las 8 a.m. & escribo en un cuaderno
me levanto desnudo de mi lado de la cama un chico desnudo del
lado de la pared
mezclo miso setas puerros & cidralote para desayunar,
controlo el azúcar de la sangre me lavo los dientes a conciencia,
cepillo, palillos, seda dental, colutorio
me perfumo los pies, me pongo camisa blanca pantalones blancos
calcetines blancos
me siento a solas junto al lavabo
un instante antes de cepillarme el pelo, feliz de no ser todavía
cadáver.

ALLEN GINSBERG (13 de septiembre de 1992, 9:50 a.m)

P.S: Fallecería en New York cinco años después de escribir este poema.

miércoles, 28 de enero de 2009

Humo en los ojos.

La tradición de los heterónimos en la historia de la literatura y de la poesía en particular es larga. Sin embargo el caso de Manuel Moya, es al menos en la reciente poesía española, significativo. Su heterónimo cambió de sexo, y se transformó en Violeta C. Rangel. Bajo este nombre aparecieron títulos como La posesión del humo, que incluía por cierto una sugerente foto de mujer. No suelo señalar más de un poema por autor, pero en este 2009, al parecer esa norma está cambiando. Os dejo algunos poemas del libro citado.



DÍA DEL LIBRO

¡Maldita sea, acaba ya! ¡Muévete, vamos!
Enciendo un cigarrillo,
me acerco a la ventana.
¿Oye tía, no tendrás
una papela, algo de goma?
En la calle la cosa está animada:
el mismo frío, el mismo personal
buscándose los cuartos,
unos maderos tronchados con un paisa
al que obligan, pipa en ristre,
a tirarse a la farola.

La pava de la tele
tranquiliza. Libros, rosas,
la importancia de Cervantes
(este año se lo han dado a una cubana),
el rey sonriendo, como siempre
a la parroquia...

Un charnego se acerca a preguntar
por el pescado
y la Palmira, con el cuento,
se lo sube a la pensión. Escucho aplausos.

Noches como esta te abren el estómago.



L
a Guanchi es la que vino de Canarias.
Jodida y bien jodida, se quiere abrir las venas
con un simple abrelatas. Hace meses que se mete
optalidones y basura que encuentra en los derribos.
Como loca se harta de insultar a los maderos
-está en busca y captura- y al padre de una hija
que no ve desde hace cuánto.

Por los clavos de Cristo, le grito,
compórtate y olvida.

VIOLETA C. RANGEL (1997).