domingo, 14 de septiembre de 2008

La geometría del dolor.




Es bastante difícil para mí ser objetivo cuando escribo sobre Antonio Espinel. Hace casi diez años que somos amigos y escribí el prólogo de aquel Preámbulo del héroe, su primer libro de poemas, allá cuando tenía 17 años, y brillaba en el tenebroso Campo de Gibraltar como una oscura gema recién arrancada a las entrañas de la tierra.

Su última publicación hasta la fecha es el cuaderno de poemas Líneas difusas, publicado en el Aula de literatura "José Cadalso" que coordina nuestro común amigo Juan.

Dejo un par de las aristas de la amargura de Antonio Espinel


EL FRÍO DE MEDIA TARDE

Era el roce de la hierba en la cara
y una angustia en el pecho
que temblaba al ritmo de sus pasos,
y luego la apagada explosión
de su cuerpo en el agua, la turbia
conmonión de la piscina al sentir el impacto.

Y la toalla arrugada en el césped
y esa sensación de estar a camino
entre el sueño y la realidad,
de querer a esa mujer que avanza
hacia el agua o aborrecerla;
la duda de oír voces que provienen
del aire o de la memoria,
el miedo a estar despierto
y haber olvidado ese murmullo
de motores que es la conciencia,
su trasiego de cristales.

- Despierta de una vez, vamos al agua.




DOLOR


esta es mi aflicción
T. S. ELIOT


Maldigo a la aflicción,
hija de la noche,
que vino a ensombrecer mi vida
con sus dramáticas torsiones
y a poner un velo de angustia
entre mis ojos y el mundo.

Maldigo a la aflicción
por su escarnio indigno
y sus ojeras pegadizas,
por esa cólera imparable
que azota mi cuerpo
con la dedicación de un enemigo.

Maldigo a la aflicción
por impedir mi vida cuando más valía.



2 comentarios:

alejandra dijo...

mi amor de seconal
deja de alimentarte


tu blog me provocó una sonrisa...una curiosidad, un gusto casi cómplice
besos

Sergio dijo...

Conocía su nombre de oídas. Ahora sé todo lo cierto que es lo que me dijeron. Muy buenos poemas.

Saludos.